Cuba

Mas que un viaje

 

Ana flores

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Uno los mantiene tan guardados…, durante tanto tiempo, ni siquiera se atreve a pensarlos, a darles forma. Son tan frágiles que nos aterroriza hacerlos asomar a la superficie, alimentamos la fantasía que podrían sufrir daños irreparables, entonces, como para protegerlos, los guardamos aún más profundamente.
En la segunda mitad del 2007, con cautela, temerosamente, comencé a desempolvar uno de ellos.
Han pasado muchos años. En ese tiempo y espacio lo mantuve absolutamente silenciado, sin permitirme siquiera verbalizarlo, mucho menos compartirlo. El secreto lograba mantenerlo silenciado pero vivo. No podía creer que el sueño comenzara a tomar rasgos reales: conocer la tierra donde el Comandante Ernesto “Che” Guevara junto a otros combatientes, logró dirigir al pueblo cubano en su lucha revolucionaria.
Se desataron emociones incontenibles al decidirme hacerlo asomar. Comenzó la vorágine. Tramitar pasaporte, consultar diversas agencias de viaje, decidirme a sacar pasaje, acercarme a la Embajada Cubana para solicitar la visa. Todos indicios que indicaban en una forma más que efectiva que empezaba a subir a la superficie lo que hacía décadas estaba enterrado. Por eso mismo no tenía aún plena conciencia del cimbronazo que podía producirme.
Algunas elecciones no provocan ni atisbo de duda. Así fue que estaba segura de qué no quería: el ahora ofrecido viaje de hoteles preparados especialmente para turistas, arenas blancas flanqueadas por palmeras frente a aguas de un color turquesa transparente provenientes de un cálido mar caribeño. Y no es que no me iba a proponer gozar en algún momento del viaje, de esas playas, esa arena y ese mar, pero la principal de mis fichas estaba puesta en parar en casas de familia e ir recorriendo con mi mochila la isla, hasta donde pudiera, consciente que iba a abarcar poco, poquísimo, por un tema de tiempo unido al estrictamente económico. Mi objetivo estaba definido: recorrer Cuba, insisto, hasta donde llegara; recorrerla tratando de ir al encuentro de esa Cuba rebelde y plebeya que estaba segura vive en el interior de su gente.
El segundo paso fue hablar con alguien que en este transitado devenir se fue transformando en algo más que la socia de un amigo: Liliana. Ella viaja a La Habana por trabajo todos los años, desde hace bastante tiempo; viaja con gente con la cual trabaja, por lo tanto, ya hace varios años, desde que empezó a imponerse esa modalidad, se instalan en una casa de familia, ocupando la planta baja de la casa, que está equipada especialmente para funcionar como recepción de turistas, mientras la familia del lugar vive en el piso de arriba.
Una vez que Liliana se comunicó con los dueños de casa, Mónica y Oscar, me pasó la dirección de correo para que yo me pusiera en contacto con ellos, previamente me suministra un perfil de esta gente (creo no equivocarme si digo que sintió la necesidad de hacerlo) y me dice: “ellos son absolutamente pro-revolución. Ambos son hijos de campesinos que lucharon en la Sierra Maestra, los padres de ambos vivían una vida no pobre sino miserable. Gracias a la revolución sus hijos, es decir ellos: Mónica y Oscar estudiaron, siguieron la Universidad y son profesionales los dos.”
Lili, me propone reflexionar con ella y me plantea como para pertrechar con más argumentos el por qué pro-revolución: “pensemos”, me dice,
»Ana, sólo por un instante, ¿qué hubiera sido de sus vidas si no hubieran hecho la revolución?
Comencé a programar el viaje, poniéndome en contacto con alguna gente que ya lo había realizado en esa modalidad. Hablo con una de las hijas de Liliana, Carolina, que me dice según su experiencia que no podía dejar de visitar otras ciudades: por supuesto descartaba La Habana, pero incorporaba Santa Clara. También me pongo en comunicación con la hija de un compañero de trabajo, que además de ratificar el itinerario que me recomendara Carolina, suma al mismo Cienfuegos y Trinidad, poniéndome en contacto con una casa de familia en Santa Clara para hospedarme, asimismo me planteó la visita al Oriente (como lo denominan los cubanos), el otro extremo de la isla, la ciudad de Santiago de Cuba; tema que yo descarté desde un primer momento por una cuestión de tiempo. Ella había estado más de un mes en Cuba.
Después de estas conversaciones la suerte estaba echada. Se iniciaba la aventura “CUBA”.

 

Así comienza el relato de Ana Flores con su mirada particular sobre el país caribeño que grito por primera vez socialismo en español. Sus andanzas y encuentros se disfrutan como acompañantes privilegiados.

 

 


 




 

 

 

  

Baja una

 parte del libro

Autor: Flores, Ana

ISBN978-950-9553-49-1

Editorial: Agora

Materia: 1. Relatos de Viaje. I. Título
CDD 910.4

Edición: 1a.ed

Fecha aparición: 2010

Páginas: 112

Formato: 20 x 14cm. (Rústica)